viernes, 21 de diciembre de 2012

Grietas.


Creo que con ésta ya serían tres noches sin dormir. Todas las noches la misma historia, el mismo drama que parece multiplicarse conforme pasan los días. Duermo en la habitación de al lado y aún así puedo escuchar hasta su respiración. Las paredes no ayudan. Difícilmente puedan llamarse paredes; son casi cortinas de madera. El grillo cambia la tonada todas las noches, seguramente piensa que puede influir en algo; lo dudo.

Todo es normal mientras está despierta, el problema es cuando duerme. Habla tres idiomas, se entiende a sí misma en todos. También cambia el tono de voz. A veces podría jurar que son varias personas, pero es imposible, nadie ha entrado. Hay muchos ruidos extraños. hace un momento escuché que algo se rompía; no sé si fue su cama, el piso, o ella. La gente se rompe cuando ya no se soporta. Los quiebres espirituales tienen sus tonos distintivos; el de ella es agudo, lo conozco de memoria, me trae recuerdos de la infancia.

Supongo que podría asomarme y preguntar qué le pasa, pero no tengo valor. No es por miedo a ella sino a mí mismo. He perdido todas las batallas internas porque siempre voy desarmado. No se puede ir en son de paz cuando se lucha contra uno mismo. Por eso pienso que difícilmente pueda enfrentar a otra persona; mi escudo soy yo y está dañado. Quisiera gritarle desde aquí, pero no sé hablar su idioma. Tampoco tengo a dónde ir. Maldita caja de madera. ¡Ya dejen dormir a la matrioska, por favor!

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